El humano depredador y el caballo, animal de presa

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Los caballos aunque hechos del mismo material que nosotros, sangre, huesos, tejidos y piel, son muy diferentes. Los procesos de evolución que han configurado al caballo, el animal de manada de presa o cazado, son muy diferentes a aquellos que produjeron al humano, el depredador o cazador morador de cuevas. Para comu­nicarnos con éxito con nuestros caballos siempre debemos tener en cuenta estas diferencias.

La naturaleza de los caballos

Nuestros caballos domésticos están muy cerca de sus antepa­sados salvajes y aún más cerca de sus primos salvajes de nuestros días. También están lejos mejor equipados para vivir a campo, que en nuestras construcciones, pero se las arreglan para vivir con nosotros y aún prosperan en relativa armo­nía. Sin embargo, raras veces les facilitamos las cosas. Las mismas habilidades e instintos que hacen posible que los caballos sobrevi­van en la vida silvestre, son las que frecuentemente parecen causar lo que pensamos que son problemas en nuestros caballos domésti­cos. Sin embargo, para el caballo somos nosotros los que originamos el problema con nuestras demandas antinaturales. La estructura física de nuestros caballos y patrones naturales de comportamiento pueden trabajar en contra o a favor nues­tro; todo depende de lo bien que entendamos sus necesidades e ins­tintos, y cuán hábilmente nos adaptemos a esas características para nuestros propios objetivos de entrenamiento. La naturaleza básica del caballo dicta las cosas que aprenderá fácilmente y las que nunca aprenderá. En la relación diaria con su caballo, usted es su maestro (quiera o no); para tener éxito en lograr un compañero voluntario, tiene que aprender también que usted es su superior. Si usted no entiende su naturaleza social y  su capacidad fí­sica, nunca será un buen entrenador. Para ganar su cooperación y confianza, debemos aprender lo más posible sobre él.

El caballo como animal de manada, dominancia y jerarquías

Lo primero y más importante (especialmente desde el punto de vista del caballo): el caballo es un animal de manada, acostum­brado a vivir en una jerarquía social. En la manada, cada caballo tiene su lugar. Ese lugar está determinado por la herencia (las yeguas dominantes tienden a producir potrillos dominantes), temperamento (los caballos activos son en general más dominantes que los linfáticos) y fuerza física. Un miembro de la manada está generalmente muy contento en su lugar en la ley del más fuerte, cuando siente que el compañero o compañeros dominantes están claramente encarga­dos de decidir. Sin embargo, tan pronto como perciba debilidad en su superior, desafiará la relación y tal vez peleará por una nueva posición. Esta característica es vital en la vida de la manada. Cada miembro debe entender y aceptar la jerarquía, pero cada uno debe desafiar también cualquier signo de debilidad. Para que sobreviva la manada, los animales más atentos y fuertes deben estar siempre al mando, para proteger y guiar el grupo. A pesar de que el caballo ha sido domesticado por miles de años, este instinto permanece fuerte. Todo caballo necesita entender cual es su lugar en la manada, aún cuando algunos miembros son humanos. En su relación con la gente, su caballo generará jerarquías aunque Ud. no se de cuenta (o aprecie) las implicancias de esto. Podemos, por supuesto, usar esta característica a nuestro fa­vor. Desde el momento que el caballo acepte completamente a su entrenador como su superior, estará totalmente dispuesto a apren­der y obedecer. El caballo que no respete a su maestro, desafiará constantemente esta relación. Si no sabe lo suficiente para darse cuenta de lo que a su caballo le gusta, de lo que le disgusta y sus intencio­nes, el no tendrá ninguna

inclinación a aprender nada de Ud. y el dominado no será el caballo… Como animal de manada, el caballo está muyprevenido del estado de ánimo general de la manada. El miedo se transfiere muy rápido de uno a todos los miembros de la manada, aún cuando los miembros individuales no saben lo que lo causa o que problema puede haber. En la relación con humanos, esto significa que un ca­ballo recoge rápidamente las emociones del entrenador – y general­mente actúa de acuerdo a esto. Un buen entrenador siempre practica auto control y siempre entiende como se siente realmente. Es casi imposible para un entrenador enmascarar miedo o indecisión a su caballo. Por otro lado, un compañero (caballo o humano) tranquilo y no apurado, puede ayudar a infundir calma y confianza en un caba­llo joven o preocupado. Con cualquier caballo, debemos recordar que estos son patro­nes basados en el comportamiento. Estos reflejos instintivos derivan del éxito del caballo para sobrevivir a través de muchos miles de años. A pesar de que nuestro entrenamiento involucra adaptar el compor­tamiento del caballo para nuestros propios propósitos, nunca elimi­naremos los patrones de comportamiento completamente.

 

Un animal de presa, no un depredador

El caballo, después de todo, es un animal de presa, progra­mado para escapar a la más mínima señal de peligro. Cualquier ca­ballo salvaje que ignora un crujido entre los matorrales se convierte en el almuerzo de un predator. En su ambiente natural, el caballo que sobrevive es aquel que presta atención a las señales de peligro y está siempre listo para huir.El caballo está espléndidamente construido para escaparse co­rriendo. Ha sobrevivido porque se ha manejado de ese modo para evitar ser co­mido. Un oído aguzado y un sentido agudo del olfato; ojos que pueden visualizar un área ancha y trabajar juntos o separadamente, patas traseras poderosas para correr, son todas adaptaciones impor­tantes que son la llave para sobrevivir a través de la huida. Los miembros de la manada también ayudan dándole a cada caballo muchos pares de ojos y oídos extras, para localizar el peligro.

La reproducción como un factor de comportamiento ¿Las yeguas son más dominantes?

Mucha gente no se da cuenta de que las yeguas son en realidad más dominantes por naturaleza, que los padrillos. La yegua líder de una manada es el protector y director social del grupo, determi­nando cuando y adonde viajar, comer o descansar. Las yeguas están acostumbradas a mandar a sus propios potrillos y cualquiera que sea menor en la ley del más fuerte. El rol del padrillo en una manada también es el de un protec­tor, pero para propósitos diferentes. La manada es su harén, y está siempre alerta a cualquier intento en contra de su rol de macho dominante. Cuando no hay intentos contra su dominación sexual, esta completamente dispuesto a que se le diga qué hacer por las ye­guas. Es por eso que las yeguas nos pueden dar más problemas que los padrillos cuando las entrenamos. Las yeguas han ganado la reputación de ser obstinadas, mal­humoradas, gruñonas y con una voluntad fuerte. Este comporta­miento es el producto de hormonas e instinto de protección, no simplemente a un mal temperamento o carácter ofensivo o mali­cioso. La yegua, después de todo, debe estar siempre lista para prote­ger a su potrillo, detectar la cercanía del peligro, garantizar el sumi­nistro de comida y mantener la ley del más fuerte. Como una madre humana, se tiene que preocupar de varias cosas al mismo tiempo – y prestar atención a su entrenador, no va a estar al principio de su lista de “cosas para hacer”. A pesar de que es en general apacible, du­rante su ciclo receptivo (celo) muchas yeguas llegan a ser extrema­damente negadas. Puede ser muy difícil convencer una yegua de la superioridad de un entrenador. Las yeguas son más sutiles para re­sistirse que los padrillos, pero lejos más persistentes.

Los padrillos están frecuentemente más concentrados en pre­servar su ego de machos, pero una vez que aceptan al entrenador como el compañero dominante, son generalmente fáciles de tratar. Lo pueden probar ocasionalmente, pero son generalmente menos intensos y lejos más abiertos que las yeguas en su resistencia. Suficientemente lógico, los caballos (castrados) son los más fáciles de en­trenar. Con unas muy pocas excepciones, se logran los caballos más confiables para manejo, porque el entrenador no tiene que estar contendiendo con instintos maternales, hormonas fluctuantes o egos de “macho de la manada”.

Condiciones de Vida

A pesar de que cada animal es diferente, cada caballo merece o es digno de ser tratado de acuerdo a su naturaleza equina. Además de otras cosas, esto significa que le tenemos que dar condiciones de vida lo más cercanas a su estado natural como sea posible. Desde el punto de vista del caballo, las mejores condiciones de vida incluyen una caballeriza o cobertizo, heno o pasto y agua disponible más o menos todo el tiempo y la compañía de otros caba­llos. Sus instintos gregarios hechos para una vida social; su necesi­dad de movimiento demandan acceso a potreros grandes o pasturas; y sus requerimientos de salud dictan que sus intestinos deben tener un flujo bastante parejo de forraje de bajo contenido proteico. ¿Porqué es tan importante la vida social de un caballo? Dejando de lado el sentido de seguridad que recibe de una manada (no importa lo chica que sea), el caballo necesita un contacto físico con los de su propia especie, igual que nosotros. Cuando los caballos están aburridos, frecuentemente juegan juntos o se acicalan entre ellos. Si un caballo es mantenido solo (y en un establo gran parte de su vida), está triste, aburrido y probablemente bien encaminado a desarrollar lo que llamamos “problemas de comportamiento” y “vicios de establo.”

Los caballos están acostumbrados a vivir de acuerdo a su na­turaleza – eligiendo adonde ir o quedarse en la lluvia, revolcarse en el barro, comer frecuentemente y estar con sus amigos, es general­mente un gran placer trabajar con ellos. Viven una vida satisfecha sin exhibir cualquier ansiedad realcionada al establo o una sobreabundan­cia de energía reprimida. Lo más que sea posible, trate de hacerle la vida cómoda. A cambio, se divertirá con un animal que es sano mental y físicamente, equilibrado, listo para trabajar y con una mente tranquila. Puede ser que no le pueda dar la versión de su vida ideal, pero por favor no lo encierre solamente porque llueve. El puede disfrutar realmente, estar parado afuera debajo de la lluvia y la nieve a veces, especialmente si se le ha dejado en invierno el pelo largo, como la naturaleza lo pensó. No lo esquile y cubra con capas interminables o mantas para que se vea más lindo, y no decida que un establo cálido es el lugar donde a su caballo le gusta vivir, simplemente porque a Usted no le gusta trabajar en el frío.

La creación de confianza a través de la comunicación

Para convencer a un caballo para que se quede con nosotros en vez de salir corriendo, debemos infundirle una gran con­fianza en nosotros. Necesitamos su gran confianza y obediencia. Lo debemos convencer con paciencia , pero también con firmeza de que ciertas cosas no son peligrosas para el, de que puede confiar en noso­tros y de que siempre lo vamos a ayudar. Esta confianza no puede estar basada en un manejo tosco, trato ignorante o miedo. El miedo siempre causará el efecto contrario: el caballo siempre se va a tratar de escapar. El razonamiento humano no siempre ayudará a entender su caballo. (Los humanos son cazadores, y los caballos fueron cazados por nosotros mucho antes de que pensáramos en ponerle un arnés a su energía). Tratar de comunicarse con un caballo en términos pu­ramente humanos no funcionará. Debe tratar de encontrarlo en sus términos, usando su lenguaje corporal y conocimiento de la lógica equina para enseñarle y dejarle saber que usted es el miembro domi­nante de la manada.

 

El establecimiento del dominio

¿Cómo se establece éste dominio sin destruir la confianza? Cuando séan necesarias correcciones y control, piense en lo que la gente le hace a un caballo y piense en la reacción del caballo. Pegarle al caballo con un látigo o tironearlo de la cabeza con una cadena so­bre la nariz más posiblemente lo confundirá, asustará y enojará en vez de conseguir su atención y sumisión. No entiende éste len­guaje. Sin embargo, un gesto amenazador de su cuerpo combinado con un comando firme y una cachetada rápida en su cuello o un empujón con su puño sobre sus costillas, rápidamente llamará su atención y respeto. (¿Suena esto “brutal”? Piense como otro caballo comunicaría dominación cuando fuera desafiado. Este es el len­guaje que entiende y puede aceptar inmediatamente). El primer objetivo del entrenador en comunicación, enton­ces, es infundir las dos cosas, confianza y respeto. Hay caballos que parecen no haber nacido con una disposición voluntariosa y con el afán de complacer; otros lo desafiarán constantemente. También hay caballos cuya confianza solo puede ser ganada con gran pacien­cia y entendimiento. Y hay caballos que, debido a malas experiencias con la gente nunca bajarán la guardia ni tendrán fe  en sus entrena­dores. A veces un caballo parece dejar de prestar atención a su en­trenador; esto puede ocurrir porque este no está diciendo nada importante o comprensible para el caballo. Cuando el entrena­dor le pide al caballo que desempeñe una tarea específica, debe ser muy claro en lo que quiere y debe transmitir la convicción del pro­pósito al caballo. El conductor no puede decir, “Bueno, ahora puede ser que vayamos al paso en algún lugar por acá”, y dejar que desaparezca el impulso hacia adelante, hasta que el caballo haga la transición a algún tipo de paso. La consistencia y la claridad son vitales en todas las etapas del entrenamiento y manejo de caballos. El caballo siempre tendrá las mismas necesidades e instintos básicos, pero debido a que cada caballo es un individuo con una per­sonalidad única, debe ser entendido de ese modo. Técnicas de en­trenamiento que pueden servir para uno, pueden no servir para otro. Algunos caballos no pueden permanecer ante una palabra fuerte, mientras que otros parecen no darse cuenta hasta que les gri­tamos. Algunos son muy inquietos por naturaleza, y otros parecen no molestarse con nada. Muchos caballos necesitan una aproxima­ción muy sensible de su entrenador, mientras que a otros parece no importarles que tipo de aproximación utiliza el entrenador. Los mé­todos y aproximaciones que le sirven a Ud. con su caballo en parti­cular pueden ser muy diferentes a los preferidos por otro conductor o entrenador. Debe dejar que su caballo le enseñe lo que sirve, y es­tar preparado a aprender también de todo otro caballo con el que Ud. trabaje.

La lógica de los caballos

Frecuentemente asumimos que los caballos son animales es­túpidos, porque sus reacciones a ciertas situaciones no parecen tener sentido para nosotros. Pensamos, por ejemplo, que un caballo esta actuando “tontamente” cuando se asusta de un objeto que lo ha ve­nido viendo todos los días en el mismo lugar, pero ahora ha sido movido a otro lugar. Eso no es una tontería, es astucia y alerta. Todo cambio en los alrededores puede significar peligro en este animal de presa, y está actuando puramente con su instinto de conservación. ¿Alguna vez pensó en lo rápido que los caballos pueden deducir lo que queremos, y el tiempo que nos lleva entenderlos a ellos (asumiendo que alguna vez lo hagamos)? Muchos problemas ocurren debido a nuestrafalta de comprensión del caballo y no al revés. Un caballo puede aprender los comandos verbales de “paso”, “trote” y “oooh” (alto), en una pocas sesiones de entrenamiento. ¿Cuántos de nosotros entendemos su lenguaje cuando relinchan entre ellos? ¿Cómo se sentirá este animal de presa, que debe someterse a ser atado a un coche y controlado por uno a través de una pieza de metal en su boca, haciendo cosas y yendo a lugares que nunca soña­ría hacer por sí mismo? Un proceso increíble de aprendizaje y adaptación debe ocurrir mientras entrenamos a nuestros caballos. Deben poseer una increí­ble voluntad de complacernos para asimilar todo esto. Con frecuencia decimos que los caballos “no pueden razo­nar”. No pueden razonar en abstracciones como nosotros, pero cualquier persona sensible y experimentada de a caballo, le puede contar sobre la habilidad superior de los caballos de recordar y aprender cuando la información es presentada con claridad y lógica. Es esta lógica – basada en la habilidad de los caballos de conectar un estímulo con la respuesta deseada – la que hace posible que nosotros podamos entrenar caballos. También exhiben un sentido del humor genuino y habilidad para jugar – el cual nos puede tanto entretener como frustrar, dependiendo de las circunstancias.

Refuerzo del proceso de aprendizaje

Los caballos pueden aprender a través de refuerzos positivos y negativos y adaptarse rápidamente a la situación en la cual están ubicados. Esto significa que un entrenador debe estar listo para reac­cionar también rápido, para asegurarse que la respuesta que da el ca­ballo es la correcta. Cualquier desafió a su dominio – no importa lo sutil que sea – debe ser corregida inmediatamente. El comporta­miento correcto debe ser recompensado tan equitativamente como rápido. Si la primer corrección se aplica simultáneamente física (con una palmada y gesto de amago con el cuerpo) y vocalmente (con un comando alto), pronto el comando verbal más el gesto, y eventual­mente el comando verbal por sí mismo, serán suficientes. Así, el foco de disciplina es desplazado desde castigo físico (palmadas) a una forma de disciplina mental (gestos y palabras). Siempre deberá tratar de dominar su caballo mentalmente en vez de físicamente, por dos razones. Primero, porque esta es la ma­nera que los miembros de la manada hacen valer o afirman su do­minación (los amagos y gestos rara vez terminan en violencia); en segundo lugar; usted sabe que el caballo es físicamente más fuerte, pero no quiere que el caballo se llegue a dar cuenta de esto, o perderá su superioridad – especialmente si está trabajando con un padrillo (una yegua asumirá frecuentemente que Ud. es inferior a ella – y puede ser que nunca pueda convencerla de otra manera – pero las consecuencias no serán tan severas como si un padrillo toma ventaja). Es muy importante en entrenamiento que la primera correc­ción logre una gran impresión y que el caballo no sienta que usted se retracta en ningún momento. Esto no significa que no debemos ser agradables para nuestros caballos, porque se merecen nuestra amis­tad y confianza. Sin embargo, debemos ser firmes sobre cual es el comportamiento deseable y cual no y nunca debemos debilitar la frontera entre los dos. Del otro lado de la moneda, las respuestas positivas deben ser recompensadas generosamente. Toda vez que el caballo llega cerca de hacer lo que usted quiere, haga una gran alharaca o festéjeselo, dí­gale lo inteligente y buen tipo que es, palméelo y rásquelo en su lu­gar favorito. Algunas personas le darán comida en recompensa. Personalmente, no nos gustan las recompensas de comida, ya que algunos caballos se acostumbran a esperarlas y se pueden poner bas­tante odiosos con esto. Es mejor recompensar los caballos con frota­das, palmadas y palabras amables. Entonces se fijan en complacer al entrenador y se sienten complacidos cuando el entrenador lo está. Su objetivo debe ser establecer una asociación basada en la confianza mútua y cariño, con el caballo mirando a su entrenador como su maestro, pero también como su amigo.

Cuando “No” castigarlo

Una de las cosa más difíciles para el entrenador, es aprender cuando “no” hay que castigar. Nunca se debe castigar al caballo cuando está asustado, no entiende lo que se le pide, o es incapaz de de­sempeñar esa tarea. Si el caballo es desobediente porque está siendo obstinado o está desafiando su autoridad, debe ser corregido, y rá­pido, pero si no está seguro de lo que causó el problema, debe darle al caballo el beneficio de la duda. Le puede haber pedido algo irrazonable o imposible al nivel actual de entrenamiento o a cualquier nivel. El caballo se puede sentir incómodo físicamente, debido a las “puntas de muela” cortando la parte interior de las mejillas o estar mal atalajado. Algunos caballos, como algunos chicos, tienen un lapso muy corto de atención y después de un rato dejan simplemente de prestar atención a su maestro. El forzarlos a cum­plir con nuestras demandas solamente producirá obstinación o terque­dad y miedo. También recuerde que el cerebro del caballo tiene muy pocas conexiones entre las dos mitades. Cada proceso de entrenamiento se debe repetir de los dos lados, y no debe castigar al animal que ha aprendido a aceptar algo de un solo lado, pero después actúa confu­samente o con miedo, cuando usted le pide que repita el ejercicio del otro lado. Es evidente que el entrenamiento de un caballo es una ta­rea muy compleja, parecida a enseñar a un chico. Los maestros que instruyen a nuestros chicos deben pasar por un proceso de educa­ción formal y ser examinados por sus conocimientos y habilidades para enseñar. A la gente que entrena caballos no se le pide que pase a través de el programa calificado de instrucción similar. Nuestros caballos son criaturas vivientes también, y les debemos el merecido respeto a su muy compleja y diferente inteligencia si esperamos te­nerlos como socios. Debemos intentar tratar a nuestros ca­ballos con comprensión y con la mayor justicia posible.

Bibliografía:

A Logical Approach Through Dressage Training – Heike Bean and Sarah Blanchard.

Horses and Horse-Drawn Vehicles a Pictorial Archive – Carol Belanger Grafton.

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