El látigo

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El LATIGO

El látigo es una parte vital en el sistema de comunicación con el caballo y a pesar de que técnicamente está considerado una ayuda artificial, poca gente pensaría en atalajar y manejar un coche sin él
En casi todas las formas de competición de atalaje, se requiere del conductor lleve el látigo como equipo estándar. Entender el uso correcto de estas ayudas adicionales es muy importante.

Además de las riendas y nuestra voz, la única otra comunicación con el caballo disponible es el látigo. Es vital que los dos entiendan como se debe usar el látigo; es igualmente importante que se introduzca el látigo prolijamente.

El látigo le puede transmitir al caballo muchas cosas. Puede comunicar:

Atención. 

Mover hacia adelante.

Alcanzar la embocadura.

Mover hacia los costados.

¡Portarse bien!

Debido a que puede tener muchos significados, dependiendo como y cuando se usa, es muy importante que el caballo tenga la oportunidad de entender todos estos comandos.

Con algunos caballos es fácil introducir el látigo y enseñarles a respetarlo sin asustarlos. Sin embargo otros lo ignoran o le pueden tener mucho miedo.

Empiece a utilizarlo anticipadamente. Al principio tóquelo solamente con amabilidad, pincelando y presionando todo alrededor de su cuerpo, teniendo cuidado de no irritarlo o hacerle cosquillas. Pronto podrá darse cuenta si su caballo acepta, ignora o le disgusta fuertemente el látigo. Algunos caballos le tendrán miedo por mucho tiempo. Trabaje con cuidado para tranquilizarlo y use más tiempo en esta lección con el caballo nervioso que con el complaciente.

Cuando el caballo acepta ser tocado por todo el cuerpo con el látigo, seguidamente y cuando empezamos el trabajo de piso, tiene que aprender a desplazarse fuera del látigo, a los costados y hacia adelante.

Después de que el caballo entiende el uso del látigo como una ayuda en el trabajo a la cuerda, se necesitará también cuando empiece el trabajo de piso a las riendas largas. Si es reacio a arrancar o a ir por culpa de algo que atrapa su atención, se deberá tocar con el látigo para reforzar los comandos verbales. Que significa “el toque correcto”, depende mucho de la disposición y aceptación del látigo de cada caballo individualmente.

Siempre se aplicará por detrás de la montura, no en la grupa o en el anca. Usar el látigo en el anca de un caballo causará que muchos corcoveen o pateen.

El látigo se usa siempre al mismo tiempo que la voz o una orden con las riendas, como un refuerzo. Si usted le está pidiendo atención y más movimiento hacia delante, la rápida o lenta obediencia dependerá de la situación y capacidad de responder del caballo. Para estimular el movimiento hacia delante, utilice el látigo bien alto en el costillar o en la paleta. Para pedirle que mueva hacia los costados, en la zona inferior del costillar, donde debería apoyar la pierna un jinete.

Con un caballo muy sensible y “caliente”, se podrá encontrar con un problema real en este punto. Puede no aceptar al principio ser tocado con el látigo, y cederá a él cuando se le pida que mueva adelante o hacia afuera, pero debido a que el caballo sensible tiende a ser rápido y nervioso, incluso en las mejores circunstancias, tocarlo con el látigo para estimularlo hacia adelante cuando está un poco inquieto puede empeorar las cosas. Este tipo de caballo responde muy bien a la voz de todas maneras, y lo realizará rápidamente, haciendo caso a sus comandos, especialmente si lo hace con una voz fuerte. Con un caballo muy sensible encontrará difícil el uso del látigo con tacto, para cualquier tipo de guía.

Un tipo diferente de caballo puede presentar casi el mismo problema. Este es el caballo muy tranquilo, atento, obediente que rápidamente hace todo lo que se le pide, ¡es casi perfecto! El problema es que nunca encuentra la necesidad de tocarlo con el látigo durante su entrenamiento normal. Entonces con frecuencia más adelante, usted y él deberán enfrentar situaciones donde se asuste y donde el látigo no va a ser efectivo para estimularlo, asustándolo todavía más, porque no está acostumbrado.

Por estas razones, debe crear en su trabajo de piso situaciones específicas donde necesite usar el látigo como una herramienta de guía, de comunicación y refuerzo. Estas situaciones inventadas pueden ser cualquiera que le den a su caballo una pausa sin aterrorizarlo: tal vez pidiéndole que abandone algunos de sus amigos, o insistiendo que siga caminando pasando algo que lo asuste moderadamente. Si el caballo puede sentir el uso apropiado del látigo durante el trabajo de piso, aprenderá a respetarlo sin asustarse de él.

Asegúrese de que cuando lo toca con el látigo, tiene sentido. No lo utilice si está en el proceso de obedecer a su voz, ni tampoco sin darle algún tipo de comando con la rienda o la voz.

Una vez que el caballo está atado al coche, puede no tener la oportunidad (o necesidad) de usar el látigo de nuevo por bastante tiempo. El coche mismo es todo lo que un caballo nervioso puede tolerar al principio, y el uso del látigo en cualquier momento puede excitarlo demasiado, creando una situación peligrosa. Utilice siempre su buen criterio teniendo en cuenta el látigo. Con un caballo nervioso, siempre deberá tomar la decisión de decidir hasta donde el uso del látigo ayudará o no, en una situación perjudicial.

Sin embargo el caballo linfático necesita que se le recuerde regularmente de que el látigo debe ser respetado. Encontrará necesario el uso del látigo anticipadamente en estos caballos, y habrá que utilizarlo con dureza al principio, para impresionarlos. Debe transmitirles que cuando se lo pide, ellos deben responder y el látigo es la herramienta suprema más útil para enfatizar esto. El caballo linfático puede tener una boca bastante insensible y probablemente no le importe ceder incluso a esto, por eso el látigo será la única forma de dirigir su atención.

Cuando se utiliza el látigo en estos caballos “traseros”, asegúrese de no estar cargoseándolos con insistencia y entorpecerlos o insensibilizarlos a mismo. Esto puede ser duro de realizar, porque algunos caballos parecen necesitar apoyo en cada paso, pero trate de lograr su atención rápidamente con unos pocos latigazos agudos, en vez de muchos toques amables tipo picaditas.

El tipo de látigo, esto depende de las preferencias individuales. Deberá ser lo suficientemente largo para alcanzar con facilidad por detrás de la silleta, pero no mucho más largo, para no llevar más peso en las manos de lo necesario. Los látigos muy largos pueden ser imprecisos y torpes.

Nuestra elección es un tipo con una vara rígida, bastante larga, unida a una trenza que termina en una azotera corta. El largo de la trenza (medida desde el extremo de la vara hasta la punta de la azotera es de alrededor de 30 cm. Incluso para yuntas, preferimos mantener la trenza lo más corta posible, alrededor de 60 a 90 cm.

Diferentes estilos de látigos: (a) El látigo Inglés de Gig para tiro de uno. Nos gusta usarlo para yuntas, ya que la trenza es lo suficientemente larga para su uso y con una conexión relativamente corta. (b) Látigo para tiro de uno común con una trenza de 30 cm. Nos gusta este para el manejo en tiro de uno; es amable y puede ser aplicado rápida y precisamente sin pegarle al caballo con la vara del látigo. (c) Látigo para tiro de uno común con una trenza muy corta. Con este tipo de látigo, es casi imposible aplicar el látigo sin pegar también con la vara. (d) Látigo Inglés de yunta. No nos gusta esta trenza larga, ya que es lenta e imprecisa para ser aplicada y se puede enredar fácilmente en el arnés o en las ruedas. (e) Otro estilo de látigo para yunta o tiro de uno. Preferimos el extremo curvo de la atadura de la vara a la trenza, a este tipo (ver el látigo Inglés de Gig para tiro de uno) porque permite un uso y control más precisos.

Evite los látigos que tienen las trenzas igual o más largas que las varas. Este tipo es largo y fino, pero la trenza es difícil de controlar, se vuela arrastrada por el viento, colgando sobre su pasajero y tocando al caballo con frecuencia, cuando y donde usted no quiere que lo haga. La trenza larga puede incluso hacer ruido cuando es lanzada por el aire, y los caballos sensibles odian este sonido.

Tener buenas manos en el manejo de coches significa mucho más que habilidad con las riendas. También incluye el uso prudente del látigo como un instrumente de precisión delicado.

Bibliografía

Driven Dressage – A Logical Approach Through Dressage Training – Heike Bean & Sarah Blanchard.

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